Cuando
uno llega a viejo, tiende a transformarse en filósofo aunque nunca
haya estudiado dicha asignatura. Como la mayoría del tiempo lo
dedicamos a recordar tiempos pasados, a veces nos hacemos preguntas
sobre los tiempos actuales que intentamos encorsetar con nuestra poca
o nula experiencia presente.
Una
de las preguntas que me planteo, es el porqué la juventud actual
considera como normal la falta de respeto hacia sus mayores, en
especial a sus progenitores y maestros. Esa desafección por las
buenas maneras, normas que siempre se nos habían inculcado a
nuestras viejas generaciones, han desaparecido bajo una especie de
trato igualitario y familiar, tuteando a personas desconocidas y con
muchos años a sus espaldas. Es muy raro que en un transporte
público, se levante un joven para ceder su asiento a una persona
mayor y viendo muchas veces, para mayor escarnio, que esa persona
tiene que emplear sus manos en asirse para no caer ante los frenazos
del transporte.
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| faltan modales y buena educación cívica |
Por
otro lado, cualquier muchacho de 15 o 16 años se cree dotado de
experiencia suficiente para considerarse de vuelta en las cosas de la
vida, tanto en relaciones sociales como amorosas. Solo por haber
tenido una o varias experiencias sexuales se creen en posesión de la
verdad, deduciendo que el sexo contrario solo sirve de
entretenimiento durante una “movida” y luego desechado como
envase vacío. En los jóvenes, la palabra AMOR significa sexo, ya
que están acostumbrados a oir eso de “hacer el amor” cuando real
y simplemente debiera expresarse con la fórmula “practicar el
coito”. El AMOR es otra cosa, es un sentimiento que la mayor parte
de nuestra juventud, en la que incluyo a sus jóvenes padres, nunca
acabaran de comprender, ya que confunden AMOR y SEXO. Pero de eso se
encargará el Tiempo. Cuando se les haya acabado ese deseo juvenil
excesivamente satisfecho, y sus cuerpos necesiten esa ayuda que nunca
se les ha ocurrido prestar en su juventud, sobre todo, a las personas
que lo necesitaban, se darán cuenta, aunque tarde, que esa
experiencia de la vida que creían tener ha resultado falsa.
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| AMOR es otra cosa diferente al sexo |
Puedo
decir que también ha resultado falsa la educación
relativista que se les ha impartido, tanto a éllos como a sus
padres, desde hace 30 años, en la que todo es relativo, que
no hay bien o mal absolutos, sino dependientes de las circunstancias
concretas, como aseverando que se puede robar según sean las
circunstancias, o bien matar, insultar, humillar, despreciar, etc.
La
educación que les ha faltado es precisamente la que separa lo bueno
de lo malo. Las comunidades humanas han sido posibles por incluir en
sus comportamientos actitudes de fraternidad, tolerancia y ayuda
mutua entre sus componentes. El derecho de cada cual se terminaba
cuando empezaba el derecho del vecino. Así se han formado los
pueblos y en cansecuencia la naciones. Pero hay una forma de
pensamiento que no soporta esas normas: el RELATIVISMO.
Y
precisamente hace exactamente unos 30 años, dicha forma de
pensamiento tomó las riendas de España. Se estableció por los
ideólogos de la modernidad el llamado “progresismo”, y ahora con
pena vemos el resultado de sus enseñanzas.
Tres
generaciones de españoles han sido infectadas por el virus del
“progresismo” sin darse cuenta que progresismo nace de progreso.
Y yo pregunto: ¿En qué hemos progresado estos 30 años?.
Todo
lo dicho es lo que ha ocurrido en el transcurso de los últimos 30
años, mereciendo especial atención el desmembramiento del
territorio nacional en comunidades autónomas, el asesinato de
millones de fetos por leyes abortivas, el endeudamiento de la
hacienda nacional en miles de millones de euros, los malos resultados
escolares y académicos, los cerca de seis millones de desempleados,
etc. ¡ Eso y más, nos ha implantado el RELATIVISMO PROGRESISTA !.
Y
termino preguntándome; ¿es filosofía lo que acabo de escribir, o
son delirios nostálgicos de la vejez?. No lo sé, pero no
me gusta la vida sin esperanza que llevan millones de compatriotas en
la actualidad. Algo similar a lo que pensaba Ortega y Gasset, que en
un artículo terminó diciendo: Una cantidad
inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la
República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz
que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y
descontentos: «¡No es esto, no es esto!» La República es una
cosa. El «radicalismo» es otra. Si no, al tiempo.




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