“Todo
el descontento que tenemos, por aquello de lo que carecemos, procede
de nuestra falta de gratitud por lo que teníamos y olvidamos”.
Estas
palabras de Daniel Defoe, (con alguna variación), parece que se
ajusten al tema que me bulle en el cerebro y que no puedo más que
plasmar en este artículo. Es la pura verdad ; estamos descontentos
por carecer de algo que no podemos definir, ya que es algo
inmaterial, algo de lo que disponíamos y disfrutábamos y que en la
actualidad ha desaparecido. Yo me atrevería a llamarlo “alegría”,
sí, alegría de vivir en paz y rodeado de personas sin espíritu de
revancha, con el deseo de compartir los bienes y servicios de la
modernidad, sin envidia, hermanados.
Y
como bien dice Defoe, estamos descontentos porque se nos ha olvidado
hasta el nombre del que supo darnos esa alegría de vivir, de mirar
al futuro, de preparar un camino liso y sin tropiezos para nuestos
descendientes.
En
solo treinta y cinco años, los españoles, olvidando lo que tenían
y de lo que disfrutaban entonces, paz, concordia, unidad,
fraternidad, contando con una juventud sana, con una Monarquía y con
una Iglesia respetadas, con una ciudadanía modélica en cuanto a
civismo y comportamiento, se dedicaron a borrar su nombre de los
lugares públicos, de retirar y puede que destruir sus estátuas,
monumentos dedicados a su memoria, la mayoría de las veces
levantados con el aporte voluntario de los progenitores de éstos,
que ahora ahora las esconden o destruyen vergonzosamente.
Todo
ha ocurrido en el espacio de treinta y cinco años, prácticamente el
mismo tiempo que este hombre empleó para levantar una nación
destruída moral y materialmente, habiendo teniendo que emplear la
fuerza por no verla abocada a su total destrucción como entidad
política, tal como ocurrió con las naciones copadas por el
Comunismo al verse encerradas tras el telón de acero tras finalizar
la II G.M. y que ahora emplean como principal argumento los
descendientes de aquellos que en aquellas lejanas fechas de los años
30 se habían señalado como meta; convertir a España en parte del
Comunismo Internacional.
En
palabras de Quevedo, “El agradecimiento es la parte principal de un
hombre de bien”, y los españoles, desde el modesto obrero, hasta
el empresario, militar, clero, llegando hasta la monarquía, no
hemos sabido agradecer el bien, que como herencia, nos dejó este
gran español.
Todos
hemos contribuído a enterrarlo, escarneciendo y vituperando sus
logros, intentando borrarlo de la Historia, pero tal como ocurrió
con Cristo, cuanto más intentemos olvidarlo, más se conocerá y
apreciará su obra.
Vivió
por y para España. La verdadera Historia dará constancia de éllo.









