jueves, 1 de julio de 2010

A modo de reparación


Ahora, en los aciagos momentos en los que asistimos a la desintegración de la unidad española, momentos que preludian una era de sacrificios a soportar por los más pobres, rodeados de una casta de vividores a los que les importa poco que España entre en bancarrota, ya que les han sobrado años para formarse un buen colchón económico que les cubra en las malas épocas, he considerado conveniente presentar ante vuestros ojos un pequeño artículo que tenía apartado y que os muestro a continuación:

Todo el descontento que tenemos, por aquello de lo que carecemos, procede de nuestra falta de gratitud por lo que teníamos y olvidamos”.

Estas palabras de Daniel Defoe, (con alguna variación), parece que se ajusten al tema que me bulle en el cerebro y que no puedo más que plasmar en este comentario.

Es la pura verdad ; estamos descontentos por carecer de algo que no podemos definir, ya que es algo inmaterial, algo de lo que veníamos disfrutando y que en la actualidad ha desaparecido; me atrevo a llamarlo “alegría”, sí, alegría de vivir en paz , alegría por convivir rodeados de personas sin espíritu de revancha, alegría por disponer sencillamente de un futuro.

Y como bien dice Defoe, estamos descontentos, porque se nos ha olvidado recordar y agradecer hasta el nombre del que supo darnos esa alegría de vivir, de mirar a ese futuro, de preparar un camino liso y sin tropiezos para nuestos descendientes.

En solo treinta y cinco años, los españoles, olvidando lo que tenían y de lo que disfrutaban entonces, paz, concordia, unidad, fraternidad, contando con una juventud sana, con una Monarquía y con una Iglesia respetadas, con una ciudadanía modélica en cuanto a civismo y comportamiento, se dedicaron a borrar su nombre de los lugares públicos, de retirar y puede que destruir, sus estátuas, la mayoría de las veces levantadas con el aporte de los mismos ciudadanos que ahora las esconden o destruyen vergonzosamente.

Todo ha ocurrido en el espacio de treinta y cinco años, prácticamente el mismo tiempo que este hombre empleó para levantar una nación destruída moral y materialmente, habiendo tenido que emplear la fuerza por no verla abocada a su total destrucción como entidad política, tal como les ocurrió a las naciones copadas por el Comunismo y encerradas tras el telón de acero finalizada la II G.M.

El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”, como bien dijo Quevedo, y los españoles, desde el más humilde, pasando por el clero y llegando hasta la monarquía, no hemos sabido agradecer el bien, que como herencia, nos dejó este gran español.

Lo hemos enterrado, escarnecido, vituperado e intentado borrarlo de la Historia, pero tal como ocurrió con Cristo, cuanto más se le intente crucificar, más se comprenderá su extraordinario esfuerzo por haber conseguido una España Unida y Respetada, una España a la que en fondo todos añoramos, pero que no exteriorizamos por ser políticamente incorrecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario