domingo, 9 de marzo de 2014

Tenemos que insistir e insistir

 
Cualquier persona, que se pare a pensar un poco sobre lo que oye en las tertulias televisivas referentes a recordar la Guerra Civil Española, se dará cuenta que en éllas se critica el que siempre se esté recordando un hecho que, por su propia naturaleza, fué una tragedia para el pueblo español en su conjunto.

Al historiador Pío Moa se le tacha de estar recordando y escribiendo continuamente una historiografía transnochada y olvidada en el tiempo; “no tiene otro tema de conversación” suelen endosarle quienes preferirían que se mantuviese en silencio. Pero el contrasentido de lo que dicen lo hallamos en el “gran tema” descubierto por toda esa gentuza sobre ese histórico pasado al que por medio de una ley lo han encumbrado hasta darle visos de materia educativa en los centros de enseñanza; me refiero a la “Ley de Memoria Histórica” y su hija putativa “Educación para la Ciudadania”.

A la sombra de dicha Ley, se han abierto los grifos de las subvenciones para promover la búsqueda de cadáveres ejecutados por el llamado Ejército Nacional y enterrados en fosas olvidadas. Por el contrario, la búsqueda de cadáveres asesinados por el Ejército Popular permanece en el más estricto olvido; no interesa que la juventud se entere del bárbaro y brutal martirio que tuvieron los asesinados antes de su paso a la vida eterna.

Como la mentira y la falsedad tienen las patas muy cortas, es la Historia la que cuenta con muchísimo detalle las barbaridades cometidas por el Ejército Popular(ROJO) en personas, archivos y edificios religiosos. Desde febrero hasta julio de 1936 (4 meses), fueron incendiadas 400 iglesias en España, sin defensa alguna por parte del Gobierno republicano, y desde el alzamiento hasta 1937 fueron ejecutados 14 obispos, 7.000 sacerdotes y religiosos y se calcula que cerca de 20.000 laicos fieles, tan sólo por el hecho de serlo.

No eran fábricas de municiones, ni cuarteles; eran templos religiosos católicos, Y los asesinados no eran combatientes; eran obispos, curas y seglares católicos. Así actuaron las hordas marxistas en zona militar roja republicana. También tales hordas fueron las que profanaron templos, asesinaron a religiosos, cometieron atrocidades y vilezas sobre cadáveres humanos en Asturias 1931. Los incendios de los templos sevillanos de San José y San Julián, en 1931 y 1932, iniciaron la persecución religiosa en España. En ambos casos asombraron los comportamientos vandálicos de la muchedumbre, llevados por una crueldad ilimitada y atizada por elementos revolucionarios de las milicias y anarquistas y sindicatos de izquierdas en la por ellos llamada ‘Sevilla la roja’. Todo, frente la pasividad de las autoridades civiles “democráticas republicanas”

La Iglesia parroquial de San Julián. En 1932 un templo mudéjar de los años 1300 incendiado por dos conocidos homosexuales, o sea, maricones: Rafael García AGUILAR (a) ‘La Pinocha’, que también era conocido como ‘Custodia Romero’, y Antonio Lagares VINOT (a) ‘La Bizca’, ambos de Sevilla. El incendio se produjo en la madrugada del 8 de abril de 1932. Todo su interior y techumbre quedaron destruídos, más el tesoro de la Hermandad de la Hiniesta. Entre las numerosas obras de arte desaparecidas figuran una imagen de la Hiniesta, Patrona del Ayuntamiento, del siglo XIV; una pintura mural de San Cristóbal, del siglo XV, original de Juan Sánchez castro; ocho pinturas en tablas de hacia 1500; otra imagen de la Hiniesta atribuida a Juan Martínez Montañés; una Virgen Dolorosa, de Alonso Cano; el retablo mayor, realizado en el siglo XVII por el arquitecto Felipe de Ribas; otros varios retablos de los siglos XVII y XVIII, más pinturas, esculturas, mobiliario, ornamentos y una excepcional colección de objetos de orfebrería sevillana. La noche del 8 de abril de 1932, ardió la iglesia parroquial de San Julián y se perdieron todo el patrimonio de la Hermandad de la Hiniesta y las obras de arte religioso custodiadas en su interior. Además de las imágenes procesionales de la Cofradía de la Hiniesta, ardió totalmente una talla de esta misma advocación datada en el siglo XIV y considerada una de las más antiguas de Sevilla.

Cuando los bomberos llegaron al lugar y buscaron bocas de agua, se las encontraron rellenas de piedras. Además, fueron recibidos con gritos de rechazo. La plebe quería fuego. Todos los periódicos locales recogieron la noticia con alardes tipográficos. Era el primer templo que ardía en Sevilla capital después de mayo de 1931. en los siguientes meses de 1932 ardieron once en la provincia; (la cantidad de obras de arte robadas, incendiadas, destruidas, profanadas, es incalculable y desaparecieron para siempre del Patrimonio artístico de la Humanidad).

Estos datos no figuran en los libros de texto pero son verdades que nunca podrán refutar ni esconder los que ahora se rasgan las vestiduras rebuscando entre los cadáveres de sus allegados, sin pensar que existen otras gentes a las que también les gustaría saber donde han ido a parar sus deudos, muchos de los cuales nunca podrán recuperarse por ser el océano su cementerio, al haber sido arrojados desde los acantilados costeros por católicos y cristianos.

Y como lo que interesa es saber exactamente nuestra reciente Historia, voy a terminar mi comentario de hoy con unas verdades contrastadas por mí al haberlas vivido, y que nos relata el escritor e historiador Pío Móa: Entre paréntisis mi opinión

El régimen franquista fue una dictadura autoritaria, incomparablemente mejor, con todos sus defectos, que las totalitarias a que han aspirado o con las que han simpatizado las izquierdas españolas. Haciendo el balance global, debe reconocerse que el franquismo derrotó a la revolución, libró a España de la guerra mundial, derrotó el intento posterior de resucitar la guerra civil (el maquis), fue apaciguando los viejos odios y dejó un país próspero. Con ello creó las bases de una democracia muchísimo más estable y real que la república.(Esto es muy cierto, ya que en 1975 los españoles habían olvidado el pasado y se preparaban para el futuro, pero los traidores a España, prefirieron engrosar sus cuentas bancarias, olvidando promesas y juramentos y, apoyándose unos a otros, dedicáronse a resucitar viejos odios, en un intento por cambiar el fracaso republicano, cuyo resultado nos ha llevado a través de tres décadas de falsedades, a la situación actual).

Ni el franquismo ni su oposición, mayoritariamente comunista y terrorista, eran democráticos. Sin embargo la transición fue posible gracias a la evolución, dentro de la dictadura, de un creciente sector reformista y liberalizante. La transición recibió el ataque de una oposición que se identificaba con al Frente Popular y se empeñada en la ruptura. Pero la oposición rupturista fracasó y hubo de aceptar finalmente la transición.

Los mayores peligros para la democracia, desde la transición, han sido el terrorismo, diversos grados de complicidad con él en varios partidos, el terrorismo desde el gobierno, las oleadas de corrupción y el sostenido socavamiento de la independencia judicial y de la propia Constitución. Todas estas amenazas proceden fundamentalmente de aquellos partidos que se sienten herederos del Frente Popular y de los enemigos del régimen liberal de la Restauración; su falsificación de la historia también ataca la democracia, al tratar de recuperar los odios del pasado. Son esos partidos los que hoy están provocando una grave crisis de la convivencia en paz y en libertad conseguida después del franquismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario