sábado, 28 de septiembre de 2013

Vivíamos sin revanchismo

Todo el descontento que tenemos, por aquello de lo que carecemos, procede de nuestra falta de gratitud por lo que teníamos y olvidamos”.
 
Estas palabras de Daniel Defoe, (con alguna variación), parece que se ajusten al tema que me bulle en el cerebro y que no puedo más que plasmar en este artículo. Es la pura verdad ; estamos descontentos por carecer de algo que no podemos definir, ya que es algo inmaterial, algo de lo que disponíamos y disfrutábamos y que en la actualidad ha desaparecido. Yo me atrevería a llamarlo “alegría”, sí, alegría de vivir en paz y rodeado de personas sin espíritu de revancha, con el deseo de compartir los bienes y servicios de la modernidad, sin envidia, hermanados.
 
Y como bien dice Defoe, estamos descontentos porque se nos ha olvidado hasta el nombre del que supo darnos esa alegría de vivir, de mirar al futuro, de preparar un camino liso y sin tropiezos para nuestos descendientes.
 
En solo treinta y cinco años, los españoles, olvidando lo que tenían y de lo que disfrutaban entonces, paz, concordia, unidad, fraternidad, contando con una juventud sana, con una Monarquía y con una Iglesia respetadas, con una ciudadanía modélica en cuanto a civismo y comportamiento, se dedicaron a borrar su nombre de los lugares públicos, de retirar y puede que destruir sus estátuas, monumentos dedicados a su memoria, la mayoría de las veces levantados con el aporte voluntario de los progenitores de éstos, que ahora ahora las esconden o destruyen vergonzosamente.
 
Francisco Franco Bahamonde
Todo ha ocurrido en el espacio de treinta y cinco años, prácticamente el mismo tiempo que este hombre empleó para levantar una nación destruída moral y materialmente, habiendo teniendo que emplear la fuerza por no verla abocada a su total destrucción como entidad política, tal como ocurrió con las naciones copadas por el Comunismo al verse encerradas tras el telón de acero tras finalizar la II G.M. y que ahora emplean como principal argumento los descendientes de aquellos que en aquellas lejanas fechas de los años 30 se habían señalado como meta; convertir a España en parte del Comunismo Internacional.
 
En palabras de Quevedo, “El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”, y los españoles, desde el modesto obrero, hasta el empresario, militar, clero, llegando hasta la monarquía, no hemos sabido agradecer el bien, que como herencia, nos dejó este gran español.
 
Todos hemos contribuído a enterrarlo, escarneciendo y vituperando sus logros, intentando borrarlo de la Historia, pero tal como ocurrió con Cristo, cuanto más intentemos olvidarlo, más se conocerá y apreciará su obra.
 
Vivió por y para España. La verdadera Historia dará constancia de éllo.

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