En
el periódico El Sol, Madrid 19 de noviembre de 1936, se divulgó un
mensaje de la Alianza de Intelectuales Antifascistas dirigida
a los intelectuales antifascistas del mundo entero.
Esta
"Alianza", se creó el 30 de julio de 1936, como
respuesta al ensañamiento del fascismo en perseguir las letras y las
ciencias, y
como no podía ser menos, tenía su sede en el palacio
Heredia-Spínola y se organizaba conforme a un ateneo, manteniendo
una división en áreas temáticas.
Dicho
mensaje, venía firmado por José Bergamín, Manuel Altolaguirre,
Luis Cernuda, Miguel Prieto, Antonio Rodríguez Luna, Alberto
Sánchez, Manuel Sánchez Arcas, Eugenio Imaz, Vicente Aleixandre,
Miguel Hernández, Rodolfo Halfter, Bacarisse, Gabriel García
Maroto, Vicente Salas Viu, Rafael Dieste, Arturo Souto, Antonio
Aparicio, León Felipe, María Teresa León, Rafael Alberti, Felipe
Camarero, Emilio Prados, Arturo Serrano Plaja, Antonio Machado, Ramón
Menéndez Pidal, Pío del Río Hortega y Adolfo Salazar.
Veamos
el mensaje:
(...)
Desde Madrid, presenciando la patológica
crueldad de los fascistas, no sólo enemigos nuestros sino
vuestros, queremos denunciar ante vosotros, haceros testimonio de los
últimos acontecimientos, asesinatos
incalificables, que lleva a cabo, consecuentemente con su ideología,
el enemigo.
No
se trata de lamentarnos en nombre de nuestro pueblo en armas, de
nuestros heoricos milicianos, de los horrores de la guerra. Nuestros
combatientes, con los dientes apretados, resisten silenciosamente y,
con su gesto, son ya una exigencia de responsabilidades históricas a
todos aquellos que, estando obligados a mantener una conducta, la
eluden ahora cobardemente. No, no nos quejamos de nada cuanto ocurre
en los frentes de combate; entre otras razones, porque en los frentes
de combate, nuestro indudable triunfo final dirá claramente que no
era necesaria la queja.
![]() |
| Violaciones y asesinatos efectuados por milicianos |
Pero
queremos haceros saber, para que nuestra palabra a su vez se proclame
por todos los rincones del mundo, la calidad
humana que lucha a cada uno de los lados que hoy se enfrentan en
España. Queremos haceros saber en qué se emplean las
bombas incendiarias meticulosamente preparadas en los laboratorios
alemanes. Y os decimos: todos los días arden manzanas enteras de
casas madrileñas. Todos los días, en las colas que forman las
mujeres de las barriadas obreras para coger su pan, su carbón, su
leche, etc., los expertos aviadores alemanes e italianos pueden
apuntarse nuevas victorias, ya que no alcanzadas en combate con
nuestros aviones heroicos, que rehuyen, a costa de las vidas de esas
mujeres, de esos niños. De esas mujeres y de esos niños que son hoy
los únicos habitantes de esas barriadas obreras, pobres, ya que
todos los hombres útiles se hallan en los frentes, y que parecen
constituir objetivo especial de la aviación extranjera al servicio
de la traición.
Os
decimos el espectáculo siniestro de las noches en llamas, cruzadas
por lívidas caras de ancianos y mujeres tratando puerilmente de
salvar su jergón miserable, sus amarillos retratos familiares, para
tener que llevarlos bajo los arcos umbríos de las bóvedas, a la
humedad entumecida y harapienta de multitudes cobijadas, hacinadas
terriblemente en los sótanos. Os hablamos de las caravanas coléricas
de mujeres despeinadas que pueblan, en la madrugada madrileña, las
calles y las plazas, trasladando sus pobres objetos queridos sin una
queja, sin un llanto, sino con un murmullo de insulto a los
traidores, con un rumor de maldición a los canallas.
Os
hablamos del Palacio de Liria que fue del Duque de Alba, ayer
cuidadosamente custodiado por las milicias del Partido Comunista, con
sus cuadros valiosos en los sótanos, y esta noche pasada en llamas.
Os hablamos del resentido
despechado señorito que ha debido ordenar su incendio
con el mismo gesto plebeyo y chabacano del tradicional "mía o
de nadie". Os hablamos de la trayectoria
significativa, en línea recta, de una serie de bombas que comienza
unas casas más arriba del hotel Savoy y termina, dejando un hueco
casual y de seguro lamento en el Museo del Prado, en la Iglesia de
los Jerónimos. Os hablamos del boquete alemán que una bomba de
doscientos kilos ha dejado unos metros antes del Museo del Prado,
rompiendo sus cristales.
La
prensa de Burgos aún habla de provocación roja: de los incendios
provocados en Madrid por los rojos para utilizarlo a su favor. No
importa, nadie lo cree. Nadie que no ignore, en absoluto,
intencionadamente, la serena condición de
nuestros heroicos milicianos que cuidadosamente ayudan a trasladar
mujeres y niños con el mismo
respeto cariñoso con que salvan un cuadro o un libro importante que
se los encomiende, puede creerlo.
La verdad está con nosotros y no puede ser falseada.
![]() |
| Libros, imágenes, valiosos cuadros, archivos... prestos para quemar.l, |
Está con
nosotros y nadie puede dudar de ella porque al margen de toda
propaganda, sinceramente, de corazón a corazón, como hablan los
hombres en los momentos graves, os la decimos nosotros
que somos poetas, escritores, artistas, y tenemos un alto sentido de
nuestro oficio que se halla por
encima de la propaganda, de la mentira útil, de la mentira
jesuítica. Os la decimos nosotros los poetas, escritores
y artistas, antes que nada y que por serlo no estamos sino al
servicio del hombre, de lo más alto y noble del hombre, por encima
de los partidos y de la propaganda interesada.
Creedla.
Tenéis que creer en nuestra palabra
si no habéis perdido vuestro corazón.
Pero
no equivocaros. Tened muy en cuenta que esto, todo esto, no significa
lamentación jeremíaca sino enardecido y colérico anuncio de
nuestro triunfo decisivo y final. Nuestras palabras no respiran otra
atmósfera que la de nuestro pueblo y, cómo éste, no hacemos otra
cosa que dirigirnos a la conciencia, a lo más profundo de vuestra
conciencia, hombres honrados del mundo, para que vuestra airada
protesta palpite entre vuestro corazón con la misma fuerza que el
nuestro.
Como
puede notar el lector, la intelectualidad del 36 había olvidado por
completo el arrasamiento metódico de templos, cuadros, imágenes,
bibliotecas, asesinatos, revolución del 34, etc. ocurrido en la
mayor parte de los pueblos y capitales de España. Eso lo olvidaron
los intelectuales, olvidaron las pilas de libros, cuadros, tapices,
muebles, apilados en las plazas con el fin de confeccionar una masa
ardiente de cultura quemada. Eso lo olvidaron. También los muertos
del bombardeo de Cabra (mucho peor que el de Guernika), y Cabra era
un pueblo sin interés militar, no como Guernika que sí lo era.
Hoy
en Día, la intelectualidad también cojea de la misma pierna. Será
que lo lleva en la sangre.




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