
Un pueblo drogado
No sé si votaré o no votaré, pero barrunto que la España que he conocido durante mi larga vida ha llegado a su fin.
Por donde miras, por donde lees, por donde oyes, no ves más que podredumbre, libertinaje y maldad. Ya no existe ni el más mínimo concepto moral entre nosotros. Hemos llegado a considerar normales, los desenfrenos de nuestros gobernantes, los desfalcos legales a la Hacienda Pública, con robos legalizados disfrazados de donaciones o ayudas a colectivos infames o extranjeros, con leyes destinadas a suprimir toda idea que ayude al indivíduo en su intento de superarse intelectual y moralmente, fomentando por el contrario una educación denigrante desde su infancia, con enseñanzas contrarias a las preferidas por sus progenitores, leyes que permiten un excesivo desenfreno en la juventud, la cual les conduce a considerar normal destrozar a una criatura en gestación, leyes en definitiva, letales para el buen funcionamiento de una sociedad sana.
Hemos sido engañados por los que creíamos verdaderos españoles, por aquellos que decían defender la vida desde su concepción, por los que defendían un idioma para todos, una educación en la que estuviese vedado el interés político, un trabajo digno, una segura jubilación para los que se habían afanado en crear riqueza y una ocupación para una juventud que hoy está desorientada y sin futuro.
Nos engañaron desde el principio.
Antes, y me refiero a 1975, en la cumbre del poder solo figuraba el nombre de Francisco Franco. La gente que lo rodeaba, unos cuantos centenares, para evitar que los signos exteriores de riqueza los delatasen, trataban de enriquecerse a la sombra del Caudillo, pero manteniendo con prudencia sus actuaciones, conscientes de que un desliz, podía ser el final para cualquiera de éllos, tanto política como económicamente.
A partir de 1977, los que querían enriquecerse rápida y abundantemente, sobre todo, los que habían pasado años y años esperando hacerse con el poder, con sus familiares, amigos y con los integrantes de todas las banderías políticas, se volcaron por el único sistema político que podía dar satisfacción a todos esos anhelos, sin miedo a que les tachasen de trepadores : El Sistema Democrático. Con este sistema podían enriquecerse miles y miles, y además, con la bendición y el derecho de haber sido elegidos por ese pueblo, llamado "soberano", el cual corría con todos los gastos.
La Democracia, también fué la oportunidad para los separatistas vascos, gallegos y catalanes, de conseguir lo que nunca hubiesen soñado; poder separse, con el tiempo, políticamente de España. Pero como la envidia es el pecado nacional, también las otras regiones españolas quisieron su pedazo de tarta.
Y los políticos españoles, políticos de todos los pelajes, tuvieron la "maravillosa idea" de crear las autonomías. Se partió España en pedazos, y cada pedazo se convirtió en lo que vulgarmente llamamos "una merienda de negros". Presidentes, consejeros, secretarios, subsecretarios, asesores, funcionarios, etc. etc. se multiplicaron por veinte dando cabida a los componentes de las diversas banderías políticas, asignándose unos sueldos de fábula, y aumentando considerablemente los que ya cobraban nómina .
De esta forma dio comienzo una sangría, que continúa a día de hoy.
Dando rienda suelta a sus ambiciones reprimidas, los nuevos "demócratas" llegaron a las administraciones como si hubiesen llegado a sus fincas particulares. Dilapidando el dinero de todos los españoles, se compraron coches de alta gama, vistieron sus despachos con mobiliario fastuoso, se construyeron patrimonios impensables, usaron el Presupuesto como si de una cuenta corriente se tratase, se organizaron viajes usando aviones de la Fuerza Aérea para asistir a eventos de partido y se prepararon unas jubilaciones astronómicas para disfrutarlas después de haber aparentado trabajar, durante algún tiempo.
Todos sabemos el resultado: El socialismo, o sea, el bando rojo, ha simulado gobernar dos veces. La primera casi dejó en bancarrota a España. En la segunda, la actual, le ha quitado el "casi" y ha dejado una deuda nacional de miles de millones de euros. Durante sus siete años de "gobierno", ha conseguido que cuatro millones y medio de trabajadores queden sin empleo a causa del cierre de miles y miles de pequeñas y medianas empresas, provocado por su mala gestión económica. O sea, que a dejado España en bancarrota completa.
Los del bando mayoritario contrario, llamémosles bando azul, pudieron gobernar al inicio de la nueva etapa aprovechando el rédito de la etapa anterior, o sea, la etapa "dictatorial".
La segunda vez que gobernó el bando azul, arregló el desbarajuste causado por la primera etapa del bando rojo, y ahora esperan, si les votamos, volver a poder arreglar lo que ha destruído el bando rojo en su segundo mandato.
Pero, ha llovido mucho desde entonces. Tanto unos como otros persiguen únicamente el poder y la buena mesa. El pueblo espera uno, o varios gobernantes que sean verdaderamente españoles, que persigan el bienestar del pueblo que les paga sus buenos emolumentos precisamente para eso, para que administren sus impuestos con la idea de mejorar sus condiciones de vida; no para que los malgasten en viajes de placer creándose al mismo tiempo fabulosos patrimonios y cuentas corrientes en paraísos fiscales.
Por todo lo anteriormente expuesto, me dan asco todos los políticos, sobre todo los llamados progresistas, que aparecen en las pantallas televisivas confundiendo con sus falsedades a un pueblo demasiado crédulo, el cual no puede ni imaginar, hasta donde puede llegar la doblez de esa bandería. No puedo soportar, ni por breves segundos, sus imágenes en mis retinas.
Para colmo, desde hace muy poco tiempo, tambien observo con incredulidad, dia tras día, las actuaciones del que, ¡ tonto de mí !, creía el partido salvador de la actual situación, o sea el bando azul. Pero viendo como va derivando y aceptando las reformas sibilinas introducidas por el bando rojo con respecto a temas como el aborto, el empleo del idioma español en todo el territorio nacional, el terrorismo, las ayudas a la cultura autóctona en las autonomías que la tienen, subvencionando a la cinematografía regional, aceptando con pocas reservas la llamada Ley de Educación para la Ciudadanía, las mismas que con la titulada Ley Sinde, completa conformidad con el canon digital, aunque ahora promete anularlo, así como con las leyes prohibitivas del tabaco o la ley de costas, mirando estáticamente como se deteriora y se ataca a la Iglesia Católica desde el gobierno e instituciones académicas, et.etc., me veo obligado a expresar mi desinterés por lo que puedan proponer en próximos comicios.
Los españoles necesitamos una mano de hierro que ponga fin a tanto latrocinio y tanta golfería.
¿ Se encuentra esa mano en el bando azul ?, no lo sé, pero de lo que estoy seguro es que esa mano no se encuentra en el bando rojo.
¡ Dios salve a España !
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